miércoles, 10 de febrero de 2010

Benedicto XVI arremete contra curas pedofilos

Benedicto XVI ya es el pontífice que más se ha pronunciado públicamente contra la pedofilia en el clero. Ayer volvió a dejar claro que es una urgencia de su mandato y no le tiembla la mano para admitir los escándalos ni exigir su investigación. En un encuentro con la asamblea plenaria del Pontificio Consejo para la Familia, dedicado al vigésimo aniversario de la convención de la ONU sobre los derechos infantiles, reconoció otra vez que «algunos miembros de la Iglesia han violado los derechos de la infancia, un comportamiento que la Iglesia no cesa y no cesará de deplorar y condenar». El Papa hizo incluso referencia las duras palabras del Evangelio sobre aquellos que escandalizan a los niños, «que mejor harían en atarse una piedra al cuello y arrojarse al mar».
Ratzinger ha roto con la línea tradicional de la Iglesia de guardar silencio y negar el problema, aunque no ha sido precisamente por un cambio de mentalidad interno, sino por el empeño de sus víctimas en denunciar lo ocurrido, a menudo con el obstáculo de las autoridades eclesiásticas. Es un cambio que ya empezó con Juan Pablo II, que en sus últimos años tuvo que afrontar el gran escándalo de las diócesis de Estados Unidos, surgido en 2001. Pero era sólo el inicio y a Benedicto XVI la ha tocado gestionar el fenómeno en toda su dimensión. Penúltimo caso, los demoledores informes de denuncia que han convulsionado a la Iglesia y a la sociedad de Irlanda: sólo en Dublín se han contabilizado 320 víctimas de abusos entre 1975 y 2004, cometidos por 46 curas. Penúltimo porque en estos días ha saltado otro escándalo en Alemania en los colegios de los jesuitas, según 'Der Spiegel'. La revista ha contabilizado 94 religiosos acusados de abusos desde 1995 hasta hoy.

El pontífice recibirá de nuevo a los obispos irlandeses el próximo lunes, durante un encuentro de dos días. Y en este contexto hay que colocar sus palabras de ayer, un preludio de lo que se avecina. El Papa les ha prometido una carta a los fieles sobre el asunto que ya anunció en su anterior encuentro, el pasado mes de diciembre, cuando empleó términos como «traición», «vergüenza» y «desprecio». Ya han dimitido cuatro obispos y seguramente caerán más. Como preparación a su visita a Roma, una delegación de la Iglesia irlandesa encontró ayer por segunda vez a representantes de cuatro de las asociaciones de víctimas de los abusos. Los prelados transmitirán al Papa sus impresiones de esta reunión.

Un esclándalo creciente

Ratzinger se refirió por primera vez a la pedofilia al año de su elección, en octubre de 2006, y precisamente ante los obispos irlandeses, pues entonces se publicó el primero de los informes que han destapado el problema. Pero cuando realmente afrontó el fenómeno fue en su visita en abril de 2008 a Estados Unidos, en su encuentro con un grupo de víctimas de abusos de Boston, la primera ciudad donde estalló el escándalo en 2001 y donde se cuentan un millar de casos. En todo el país las estadísticas hablan de 5.000 curas implicados y 12.000 víctimas adolescentes desde 1950. Varias diócesis han quebrado por los juicios. Meses después en Australia, con 107 curas condenados, repitió este programa con otro duro discurso. En 2009 recibió a nativos canadienses que denuncian los mismos abusos en escuelas católicas, que han pagado 79 millones de dólares de indemnización.

No obstante, la alusión a la pedofilia fue sólo un pasaje del discurso de ayer y Benedicto XVI habló de más cosas en sus reflexiones sobre los derechos de la infancia. Advirtió que la familia «fundada en el matrimonio entre hombre y mujer es la ayuda más grande que se pueda ofrecer a los niños» e insistió en la importancia de ambas figuras, materna y paterna. Se trata de una clara señal contra las uniones homosexuales, pero el Papa también subrayó que las familias deben permanecer «unidas y estables» y alertó contra «un ambiente familiar no sereno, la división de los padres y, en particular, la separación con el divorcio».

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